“Eso basta para los gastos de un par de días; probablemente te gastarás la mitad. Si te quedas más de un par de días, te haré llegar más. Y cobrarás cuando el trabajo esté hecho, y no antes”.
Negó con la cabeza y se levantó.
“Estoy harto de andar a rastras contigo. Búscate tus propios trabajos. ¡Se acabó!”
“Si no llegas a Halfmoon Bay esta noche, estás acabado”, le aseguré, dejándole sacar de la amenaza lo que quisiera.
Al poco tiempo, por supuesto, cogió el dinero y se fue. La disputa sobre el dinero para gastos era simplemente un trámite preliminar que acompañaba a cada trabajo en el que lo enviaba.