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nydus/Continental Op StoriesPublic
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V

El país estaba fresco y brillante bajo una luz solar clara a la mañana siguiente. Una brisa cálida estaba secando el suelo y persiguiendo nubes de algodón en bruto por el cielo.

A las diez salí a pie hacia la casa del capitán Sherry. No tuve ningún problema para encontrarla, un bungaló de estuco rosáceo con tejado de terracota, al que se llegaba desde la carretera por un sendero de Güijarros.

Una mesa vestida de blanco con dos cubiertos puestos se encontraba en la galería de baldosas que se extendía a lo largo de la fachada del bungaló.

Antes de que pudiera llamar, la puerta fue abierta por un hombre negro y esbelto, poco más que un muchacho, con chaqueta blanca. Sus rasgos eran más afilados que los de la mayoría de los negros americanos, aquilinos, de una inteligencia agradable.

—Vas a coger un catarro tirado en carreteras mojadas —dije—, si es que no te atropellan.

Los extremos de su boca se estiraban hacia las orejas en una sonrisa que me enseñaba una gran cantidad de dientes fuertes y amarillos.

—Sí, señor —dijo, seseando las eses, arrastrando las erres, haciendo una reverencia—. El capitaine ha esperado el desayuno para que usted esté con él. Siéntese, señor. Voy a llamarlo.

“¿Carne de perro no?”

Los extremos de su boca se estiraron hacia atrás y hacia arriba de nuevo y sacudió la cabeza con energía.

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