hasta los ojos. Todo lo que pude ver de sus facciones era una boca ancha inclinada sobre una barbilla pesada.
Dejé el cupé en un espacio vacío un poco más adelante en la calle. No tuve que esperar mucho al francés. Apareció a pie por la esquina y se subió al Cadillac. El hombre de la barbilla prominente condujo. Subieron despacio por Broadway. Yo los seguí.