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nydus/Continental Op StoriesPublic
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III

Me encontraba en el umbral de una sala ovalada de techo bajo, amueblada y decorada en gris, blanco y plata. Dos hombres y una mujer se encontraban allí.

El hombre mayor —andaba por los cincuenta años— se levantó de un sillón gris y hondo y me hizo una reverencia ceremoniosa. Era un hombre regordete y de estatura media, completamente calvo, de piel oscura y ojos claros. Llevaba un bigote gris de puntas enceradas y una perilla gris y desaliñada.

—¿El señor Kavalov? —pregunté.

—Sí, señor. Su voz era la que se quejaba.

Le dije quién era. Me dio la mano y luego me presentó a los demás.

La mujer era su hija. Probablemente tenía treinta años. Tenía la boca estrecha y de labios carnosos de su padre, pero sus ojos eran oscuros, su nariz era corta y recta, y su piel era casi incolora.

Su rostro tenía algo de Asia. Era bonito, pasivo, inexpresivo.

El hombre de la voz de barítono era su esposo. Se llamaba Ringgo.

Era seis o siete años mayor que su esposa, ni alto ni pesado, pero de buena planta. Tenía el brazo izquierdo en tablillas y cabestrillo. Los nudillos de la mano derecha estaban amoratados.

Tenía un rostro enjuto, huesudo, avispado, con ojos oscuros y brillantes rodeados de muchas arrugas, y una boca dura pero bonachona.

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