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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VIII

—¿Me hace el favor de pegarse a la pared? —preguntó Maurois cuando terminó.

Retrocedimos como si no costara ningún trabajo. Sentí mi hombro contra una de las cortinas de la ventana. La presioné contra el marco y me giré lo suficiente como para apartar la cortina de más de un pie de cristal.

Si el Chaval de los Palotes estaba mirando, debió de tener una vista despejada del francés, el tipo que le había disparado antes esa noche. Se lo estaba dejando caer al Chaval. La puerta del pasillo estaba abierta. Si el Chaval lograba entrar al edificio —lo cual no era gran cosa—, tenía el camino libre. Yo no sabía qué papel jugaba en todo aquello, pero quería que se no uniera, y esperaba que no me defraudara. Si todo el mundo se reunía allí, tal vez lo que fuera que estuviera pasando saldría a la luz donde pudiera verlo y comprenderlo.

Mientras tanto, mantuve la mayor parte posible de mi cuerpo alejada de la ventana. El Chaval podría decidir tirar plomo desde el otro lado del callejón.

Maurois estaba frente a Inés. Las pistolas de Barbilla apuntaban a Billie y a mí.

“I do not comprends ze anglais ver’ good,” the Frenchman was mocking the woman. “So it is when you say you meet wit’ me, I t’ink you say in New Orleans. I do not know you say San Francisc’. I am ver’ sorry to make ze mistake. I am mos’ sorry zat I keep you wait. But now I am here. You have ze share for me?”

—No los tengo. —Extendió las manos en un gesto vacío—. El Chico se los llevó... se lo llevó todo.

—¿Qué? —Maurois abandonó su sonrisa burlona y su acento de vodevil. Su único ojo abierto brilló con furia—. ¿Cómo pudo hacerlo, a no ser que... —?

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