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nydus/Continental Op StoriesPublic
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Mike o Alec o Rufus

—De acuerdo —les dije a los demás—; a falta de información fidedigna, les daré mi versión. Si Blanche Eveleth podría haber sido la asaltante de no ser por la barba y la dificultad de que una mujer se haga pasar por hombre, ¿por qué el asaltante no iba a ser Blanche Eveleth antes y después del asalto usando un... cómo se llama..., un fuerte depilatorio en la cara, y una peluca?

Es difícil que una mujer se disfrace de hombre, pero hay muchos hombres que pueden salirse con la suya en el papel femenino. ¿No podría este tipo, después de alquilar su apartamento como Blanche Eveleth y dejar todo listo, haberse quedado en su apartamento un par de días dejando que le creciera la barba? ¿Bajar y dar el golpe? ¿Largarse a toda prisa arriba, quitarse los pelos de la cara y ponerse su atuendo de mujer en, digamos, quince minutos?

Supongo que sí. Y tenía quince minutos. No sé lo de la nariz rota. Tal vez tropezó al subir las escaleras y tuvo que alterar sus planes para justificarlo; o tal vez se dio un golpe a propósito.

Mis suposiciones no iban muy desencaminadas, aunque se llamaba Fred: Frederick Agnew Rudd. Era conocido en Toronto, pues había cumplido condena en el Reformatorio de Ontario a los diecinueve años, tras ser pillado en una tienda hurtando con su maquillaje de mujer.

No quiso soltar prenda, y jamás dimos con su pistola ni con el traje azul, la gorra y los guantes negros, aunque encontramos un hueco en su colchón donde los había metido a escondidas de la policía hasta más tarde esa noche, cuando pudiera deshacerse de ellos.

Los diamantes de los Coplin aparecieron pieza por pieza cuando hicimos que los fontaneros desmontaran los desagües y los radiadores del apartamento 702.

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