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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VI

Le volví la espalda, sentí una mano deslizándose por mi cuerpo y me quitaron el arma.

—Está bien —dijo él, y volví a enfrentarlo.

Dio un paso atrás hasta quedar al lado de la chica, sin dejar de apuntarme con el revólver niquelado. Mi propia pistola no se veía; en su bolsillo tal vez. Respiraba ruidosamente y sus ojos habían pasado de rosados a rojos. Su rostro también estaba rojo, con las venas hinchadas en la frente.

—¿Me conoces? —espetó él.

“Sí, te conozco. Eres Stanley Tennant, ingeniero municipal adjunto, y tus antecedentes no son nada bonitos”.

No paraba de parlotear bajo la teoría de que la conversación siempre beneficia de algún modo al hombre que está mirando el cañón de un revólver.

“Se supone que eres el muchacho que proporcionó el regimiento de testigos bien adiestrados que convirtieron la investigación del año pasado sobre los cargos de corrupción contra la oficina de ingeniería en una farsa. Sí, señor Tennant, lo sé todo sobre usted. Usted es la razón por la que Gilmore tuvo tanta suerte al conseguir contratos municipales por unos pocos dólares menos que sus competidores. Sí, señor Tennant, lo sé todo sobre usted. Usted es el listillo que⁠—”

Tenía mucho más que decirle, pero me interrumpió.

—¡Basta ya de insolencias! —bostesó gritó—. A menos que quieras que te rompa la crisma de un culatazo con esta pistola.

Luego se dirigió a la muchacha, sin quitarme los ojos de encima.

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