Tan pronto como me quedé a solas con el muerto, pasé por encima de él y me arrodillé frente a la caja fuerte, apartando cartas y papeles, en busca de fotografías. No había ninguna a la vista. Un compartimento de la caja fuerte estaba cerrado con llave.
Revisé el cadáver. No tenía llave. El compartimento cerrado con llave no era muy resistente, pero tampoco es que yo sea el mejor ladrón de cajas fuertes del Oeste. Me costó lo mío abrirlo.
Lo que quería estaba allí. Un grueso fajo de negativos. Un montón de copias: medio centenar de ellas.
Empecé a hojearlas rápidamente, buscando las fotos de las hermanas Banbrock. Quería guardarlas en el bolsillo antes de que volviera Pat. No sabía hasta dónde más me dejaría llegar.
La suerte estuvo en mi contra—y también el tiempo que había perdido en meterme en el compartimento. Él regresó antes de que hubiera pasado de la sexta estampa del montón. Esas seis habían sido—bastante malas.
—Bueno, ya está hecho —me gruñó Pat al entrar en la habitación—. Dick la tiene. Elwood está muerto, al igual que el único de los negros que vi arriba. Todos los demás parece que se han pirado. No ha aparecido ningلنا pasma, así que llamé pidiendo un furgón.
Me puse de pie, sosteniendo el fajo de negativos en una mano, las copias en la otra.
—¿Qué es todo eso? —preguntó él.
Fui tras él de nuevo.