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nydus/Continental Op StoriesPublic
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II

Se abrió una puerta enfrente de aquella por la que había entrado y una niña entró, cerrando la puerta tras de sí, ahogando un ronroneo palpitante, como de alguna máquina pesada, que se había estado escuchando.

—Soy Romaine Frankl —dijo en inglés—, la secretaria de Su Excelencia. ¿Me dirá qué es lo que desea?

Podría haber tenido cualquier edad entre los veinte y los treinta años, algo menos de un metro cincuenta de estatura, delgada sin llegar a estar huesuda, con el cabello rizado tan negro como puede serlo el castaño, ojos de pestañas negras con iris grises rodeados de un borde negro, un rostro pequeño y de finas facciones, y una voz que parecía demasiado suave y débil para proyectarse tan bien como lo hacía. Llevaba un vestido de lana roja que no tenía más forma que la que le daba su cuerpo, y cuando se movía —para caminar o levantar una mano— era como si no le costara ninguna energía, como si otra persona la estuviera moviendo.

—Me gustaría verlo —dije mientras recopilaba estos datos.

—Más tarde, desde luego —prometió—, pero ahora es imposible.

Se volvió, con su peculiar gracia sin esfuerzo, hacia la puerta, abriéndola de modo que el ronroneo vibrante volvió a sonar en la habitación.

—¿Oyes? —dijo—. Está echándose la siesta.

Cerró la puerta para aislarse de los ronquidos de Su Excelencia y cruzó la habitación flotando para trepar al inmenso sillón de cuero que estaba junto al escritorio.

—Siéntese, por favor —dijo, agitando un diminuto dedo índice hacia una silla junto al escritorio—. Ganaremos tiempo si me expone su asunto, porque, a menos que hable usted nuestra lengua, tendré que interpretarle su mensaje a Su Excelencia.

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