—¿Crees que podrías pasar a buscarlo? —le pregunté a Dick.
—Claro.
“Supongo que puedes ir allá arriba y ver si consigues una habitación o un apartamento por el vecindario—uno desde el que puedas vigilar el hotel. Tal vez tengas la oportunidad de seguirle los pasos de vez en cuando”.
Me guardé las fotos en el bolsillo, por si acaso venían bien, tiré el resto de las cosas de nuevo en su sobre y entré en el despacho del Viejo.
—Organicé esa estratagema de la oficina de empleo —dijo—. Un tal Frank Paul, que tiene un rancho más allá de Martínez, estará en el establecimiento de Fong Yick a las diez del jueves por la mañana, cumpliendo su parte.
“¡Está bien! Voy a hacer unas visitas a Chinatown ahora mismo. Si no sabes nada de mí en un par de días, ¿le pedirás a los barrenderos que se fijen en lo que barren?”
Dijo que lo haría.