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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VIII

El hombre negro apoyó todo su peso contra la puerta.

El peso sobre el pie que atrancaba la puerta, me incliné hacia un lado, balanceándome hacia el negro.

Girando desde la cadera, le metí el puño en todo el medio.

Reddy golpeó la puerta y entramos al vestíbulo.

—¡Válgame Dios, Gordito FEO —jadeó el hombre negro con su buen acento de negro virginiano—, me has lastimado!

Reddy y yo pasamos junto a él, por el pasillo cuyos límites se perdían en la oscuridad.

El pie de una escalera detuvo mis pasos.

Un disparo sonó en el piso de arriba. Parecía apuntarnos. No nos cayeron las balas.

Un babel de voces⁠—mujeres gritando, hombres vociferando⁠—iba y venía en el piso de arriba; iba y venía como si se abriera y se cerrara una puerta.

—¡Arriba, muchacho! —chilló Reddy en mi oreja.

Subimos las escaleras. No encontramos al hombre que nos había disparado.

Al fondo de las escaleras, una puerta estaba con llave. La corpulencia de Reddy la abrió a la fuerza.

Entramos en una luz azulada. Una gran habitación, toda de púrpura y oro. Confusión de muebles volcados y alfombras arrugadas. * Una zapatilla gris yacía cerca de una puerta

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