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nydus/Continental Op StoriesPublic
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V

—No —mentí con seriedad—. Creo que tienes los pies en la tierra para ser una mujer que, sin duda, no está acostumbrada a este tipo de cosas.

Estaba acercando un pequeño banco tapizado al calefactor eléctrico, al alcance de la mesa que sostenía el brandy. Se sentó entonces, con una seña invitadora hacia la mitad vacía del banco.

El perro morado saltó a su regazo.

Ella lo empujó hacia fuera.

Empezó a regresar.

Le dio una patada seca en el costado con la punta afilada de su zapatilla.

Y aulló y se arrastró bajo una silla al otro lado de la habitación.

Evité la ventana dando un rodeo por la habitación. La ventana tenía cortinas, pero no lo bastante gruesas como para ocultar toda la estancia al Chico Quién-sabe-qué, si es que acaso estaba sentado en ese momento en su ventana con unos prismáticos en los ojos.

—Pero no tengo los pies sobre la tierra, de verdad —decía la mujer mientras yo me dejaba caer a su lado—. Soy cobarde, terriblemente. Y ni aun acostumbrándome... Es mi esposo, o quien era mi esposo. Debo decírselo. Su hidalguía merece la explicación, y no deseo que piense algo que no es.

Intenté parecer confiado y crédulo.

Esperaba no creer nada de lo que dijera.

—Está locamente celoso —siguió diciendo con su voz baja y suave, con una peculiar manera de pronunciar las palabras que por muy poco no llegaba a ser lo bastante marcada como para llamarse acento extranjero—.

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