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nydus/Continental Op StoriesPublic
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XII

Por encima de los edificios del rancho, a medida que nos acercábamos, tres puntos azules que eran zopilotes giraban en círculo, y un animal en movimiento se recortó contra el cielo durante un instante en una lejana cresta.

—Un potro que debería tener jinete y no lo tiene —así lo expresó Milk River.

Más adelante, pasamos junto a un sombrero mexicano cribado de balazos, y luego el sol brilló sobre un puñado de casquillos de latón vacíos.

Uno de los edificios del rancho era un montón negro y carbonizado. Cerca, otro de los hombres a los que había desarmado en lo de Bardell yacía muerto boca arriba.

Una cabeza vendada se asomó por la esquina de un edificio, y su dueño salió, con el brazo derecho en cabestrillo y un revólver en la izquierda. Detrás de él trotaba el cocinero chino tuerto, agitando un machete.

Milk River reconoció al hombre vendado.

—¡Hola, Pelirroja! ¿Han estado peleando?

—Algunos. Le sacamos toda la ventaja posible al aviso que mandó, y cuando el gran Ignacio y su manada aparecieron justo antes del amanecer, los correteamos por todo el condado como indios. Me tragé un par de plomo, así que me quedé en casa mientras el resto de los muchachos los seguía hacia el sur. Si afina el oído, podrá escuchar un estallido de vez en cuando.

—¿Los seguimos o les salimos al paso? —me preguntó Milk River.

“¿Podemos interceptarlos?”

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