nosotras— tomadas durante los— los momentos aquí. Eran— imágenes— que— no— podías— explicar. ¡Y eran verdaderas! ¡Sabíamos que eran verdaderas! ¿Qué podíamos hacer? Dijo que enviaría copias a nuestro padre, a cada amigo, a todos los que conocíamos, a menos que pagáramos.
—¿Qué podíamos hacer, sino pagar? Conseguimos el dinero de alguna manera. Le dimos dinero... más... más... más. Y entonces ya no tuvimos más... no pudimos conseguir más. ¡No sabíamos qué hacer! No había nada que hacer, excepto... Ruth e Irma querían matarse. Yo también lo pensé. Pero persuadí a Ruth para que no lo hiciera. Le dije que nos iríamos. Me la llevaría lejos, la mantendría a salvo. Y entonces... entonces... ¡esto!
Dejó de hablar y siguió mirando sus propios pies.
Volví a mirar al pequeño muerto en el suelo, extraño con su gorra y su ropa negras. Ya no salía más sangre de su garganta.
No fue difícil atar cabos.
- Este Hador muerto, sacerdote autoproclamado de vete a saber qué, organizando orgías bajo la apariencia de ceremonias religiosas.
- Elwood, su cómplice, que le llevaba mujeres de familia y adineradas.
- Una habitación iluminada para fotografía, con una cámara oculta.
- Contribuciones de sus conversos mientras se mantuvieran fieles al culto.
- Chantaje —con la ayuda de las fotografías— después.
Miré de Hador a Pat Reddy. Él fruncía el ceño ante el hombre muerto. No se oía ningún sonido desde fuera de la habitación.