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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VI

—¿No harías mejor en ocuparte de ella?

Asintió, se dio la vuelta lentamente y salió.

El ayuda de cámara, aún de color amarillo limón, entró.

—Quiero a todos los de la casa, sirvientes, peones, a todo el mundo abajo en la sala principal —le dije—. Reúnalos a todos de inmediato, y deben quedarse allí hasta que llegue el jerife.

—Sí, señor —dijo y bajó las escaleras, con los demás siguiéndole.

Cerré la puerta de Kavalov y crucé a la biblioteca, donde llamé por teléfono a la comisaría del sheriff en la capital del condado. Hablé con un ayudante llamado Hilden. Cuando le hube contado mi historia, me dijo que el sheriff estaría en la casa en medio hora.

Fui a mi habitación y me vestí. Para cuando hube terminado, el ayuda de cámara subió a decirme que todo el mundo estaba reunido en la sala del frente⁠—todo el mundo excepto los Ringgo y la donccha de la señora Ringgo.

Estaba examinando el dormitorio de Kavalov cuando llegó el sheriff. Era un hombre de cabello blanco, ojos azules apacibles y una voz suave que salía confusamente por debajo de un bigote blanco. Había venido acompañado de tres agentes, un médico y un forense.

—Ringgo y el ayuda de cámara pueden contarles más que yo —dijese cuando nos hubimos estrechado las manos todos—. Volveré tan pronto como me sea posible. Voy a lo de Sherry. Ringgo les dirá cuál es su papel en todo esto.

En el garaje elegí un Chevrolet embarrado y conduje hasta el bungaló. Sus puertas y ventanas estaban cerradas herméticamente, y mis golpes no obtuvieron respuesta.

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