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nydus/Continental Op StoriesPublic
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IX

“¿Podrías llevarme a casa, por favor?”

Red O’Leary was glad to do it. She left him a block or two from her city house. She told him her name was Nancy Regan.

He probably doubted it, but he never asked her any questions, pried into her affairs.

In spite of the difference in their worlds, a genuine companionship had grown up between them. She liked him. He was so gloriously a roughneck that she saw him as a romantic figure. He was in love with her, knew she was miles above him, and so she had no trouble making him behave so far as she was concerned.

Se veían a menudo. Él la llevaba a todos los antros ruidosos del distrito de la bahía, la presentaba a carteristas, pistoleros, estafadores, le contaba historias descabelladas de aventuras criminales. Ella sabía que él era un delincuente, sabía que estaba metido en los golpes de la Seamen’s National y del Golden Gate Trust cuando se perpetraron. Pero ella lo veía todo como una especie de espectáculo teatral. No lo veía tal como era.

Se despertó la noche que estuvieron en lo de Larrouy y los asaltaron los maleantes a los que Red había ayudado a Papadopoulos y a los otros a traicionar. Pero ya era tarde entonces para que pudiera librarse zafándose. Fue a parar junto con Red al escondite de Papadopoulos después de que yo le hubiera pegado un tiro al grandulón. Vio entonces lo que eran en realidad sus figuras románticas: aquello en lo que se había metido.

Cuando Papadopoulos escapó, llevándosela consigo, ella estaba muy despierta, curada, y había terminado para siempre con su peligroso juego con los forajidos. Eso creía. Creía que Papadopoulos era el hombre viejo, pequeño y aterrorizado que aparentaba ser: el esclavo de Flora, un viejo inofensivo demasiado cerca de

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