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nydus/Continental Op StoriesPublic
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V

Sus pasos resonaban más adelante. No podía verle. El general apareció resoplando por el otro lado de la casa.

“¿Lo tienes?”

“No.”

Frente a nosotros había un talud de piedra, por cuya parte superior discurría un sendero. A ambos lados teníamos un seto alto y tupido.

—Pero, amigo mío —protestó el general—, ¿cómo pudo él haber...?

Un pálido triángulo se veía en el sendero por encima de un triángulo que bien pudo haber sido un trozo de camisa asomándose por la abertura de un chaleco.

—¡Quédese aquí y hable! —le susurré al general, y me adelanté sigilosamente.

—Debe de haber tomado por el otro lado —el general cumplía mis instrucciones, desvariando como si yo estuviera de pie a su lado—, porque si hubiera venido por mi parte lo habría visto, y si se hubiera asomado por cualquiera de los setos o por el terraplén, alguno de los dos lo habría visto sin duda recortado contra⁠ ⁠…

Él siguió hablando sin parar mientras yo alcanzaba el amparo del talud sobre el que corría el sendero, mientras encontraba dónde apoyar los dedos de los pies en el áspero revestimiento de piedra.

El hombre del camino, que intentaba hacerse pequeño con la espalda metida en un arbusto, estaba mirando al general hablador. Me vio cuando puse los pies en el sendero.

Saltó, y una mano se alzó.

Salté, con ambas manos hacia adelante.

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