«Haz que se apruebe. Puedes hacerlo. Habrá un alarido, por supuesto. Mañana, como concesión a ese alarido, lo harás abdicar. Te llevarás el mérito por eso. Serás un cincuenta por ciento más fuerte ante el pueblo. Entonces estarás en posición de hacer parecer que la revolución fue cosa de su partido, y que tú fuiste el patriota que impidió que este recién llegado se apoderara del trono. Mientras tanto, serás dictador, y lo que sea que quieras ser cuando llegue el momento. ¿Ves a qué me refiero? Deja que él cargue con el peso. Tú recoge lo tuyo al
Le gustaba la idea, pero no le gustaba que viniera de mí.