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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VII

A la mañana siguiente me vestí con una camisa y unos zapatos militares, una vieja gorra descolorida y un traje que no estaba del todo andrajoso, pero sí lo bastante raído como para no desentonar demasiado al lado de la ropa vieja de John Boyd.

Eran poco más de las nueve cuando Boyd salió de su hotel y desayunó en el figón donde había comido la noche anterior. Luego subió hasta la calle Laguna, buscó una esquina y esperó a Jacob Ledwich.

Esperó muchísimo. Esperó todo el día; porque Ledwich no apareció hasta después anochecer. Pero el hombrecillo iba bien provisto de paciencia —eso se lo concedo—. Se inquietó, se paró en un pie y luego en el otro, e incluso intentó sentarse en el bordillo un rato, pero aguantó hasta el final.

Yo, por mi parte, me lo tomé con calma. El apartamento amueblado que Bob Teal había alquilado para vigilar el piso de Ledwich estaba en la planta baja, al otro lado de la calle, y un poco más arriba de la esquina donde esperaba Boyd. Así podíamos vigilarlo a él y al piso con un solo ojo.

Bob y yo nos sentamos a fumar y conversar todo el día, turnándonos para vigilar al hombre inquieto de la esquina y la puerta de Ledwich.

La noche se había instalado ya de forma definitiva cuando Ledwich salió y empezó a subir hacia la parada del tranvía. Me deslicé a la calle, y nuestro desfile se puso en marcha de nuevo: Ledwich iba a la cabeza, Boyd lo seguía a él, y nosotros lo seguíamos a él.

¡Medio bloque de esto y se me ocurrió una idea!

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