Nunca he podido decidir si en realidad habría subido al estrado de los testigos y jurado que Sherry estaba vivo cuando asentó, y asentó voluntariamente, de haber sido necesario para condenar a Ringgo.
No me gusta el perjurio, pero sabía que Ringgo era culpable, y ahí lo tenía en mis manos.
Afortunadamente, notuve que decidir.
Ringgo creyó que Sherry había asentido, y luego, cuando Marcus delató el pastel, a Ringgo no le quedó mucho más que hacer que probar suerte con una declaración de culpabilidad.
No tuvimos muchos problemas para sacarle la historia a Marcus. Ringgo había matado a su amado capitaine. El muchacho negro se dejó convencer fácilmente de que la ley le daría su mejor venganza.
Después de que Marcus hubo hablado, Ringgo estuvo dispuesto a hablar.
Se quedó en el hospital hasta el día antes de que empezara su juicio. El cuchillo que Marcus le había clavado en la espalda le había paralizado permanentemente una pierna, aunque aparte de eso se recuperó de la puñalada.
Marcus tenía tres balas de Ringgo en el cuerpo. Los médicos sacaron dos, pero tuvieron miedo de tocar la tercera. A él no parecía preocuparle. Para cuando lo enviaron al norte para cumplir una condena indeterminada en San Quentin por su participación en el asesinato de Kavalov, al parecer estaba tan sano como siempre.