—No puedo juzgarte por los asesinatos que ideaste en San Francisco; pero puedo encasquetarte el que no cometiste en Seattle, para que la justicia no se quede sin su parte. Te vas a Seattle, Ed, a la horca por el suicidio de Ashcraft.
Y lo hizo.
—No puedo juzgarte por los asesinatos que ideaste en San Francisco; pero puedo encasquetarte el que no cometiste en Seattle, para que la justicia no se quede sin su parte. Te vas a Seattle, Ed, a la horca por el suicidio de Ashcraft.
Y lo hizo.