CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Continental Op StoriesPublic
Página 1164 de 1373
Table of Contents

III

grande como para caber dentro. De rodillas en el fango, me acurruqué en esa cavidad.

El soldado apareció a la vista por una rendija entre las tablas. Un metal brillante relució en una de sus manos. Un cuchillo, pensé. Pero cuando se detuvo frente a mi refugio vi que era un revólver de los de antes, de los niquelados.

Se quedó quieto, mirando mi refugio, mirando calle arriba y calle abajo. Gruñó, vino hacia mí. Unas astillas me picaron en la mejilla mientras me aplanaba más contra los extremos de los maderos. Mi pistola estaba con mi cachiporra⁠—en mi maletín, en mi habitación del hotel. ¡Un sitio excelente para tenerlas ahora! El arma del soldado brillaba en su mano.

La lluvia comenzó a tamborilear sobre las tablas y el suelo.

El soldado se subió el cuello del abrigo al avanzar. A mí jamás me ha gustado más ninguna otra cosa en el mundo. Un hombre acechando a otro no habría hecho eso.

No sabía que yo estaba allí. Buscaba un escondite para él mismo. La partida estaba empatada. Si me encontraba, él tenía el arma, pero yo lo había visto primero.

Su abrigo de piel de borrego rozó la madera al pasar junto a mí, inclinándose mucho al rebasar mi rincón hacia la parte trasera de la pila, tan cerca de mí que las mismas gotas de lluvia parecían golpearnos a los dos.

Abrí las manos después de eso. No podía verlo, pero podía oírlo respirar, rascarse, e incluso tararear.

Pasaron un par de semanas.

El barro en el que estaba hincado traspasó las perneras de mis pantalones, mojándome las rodillas y las espinillas.

1164