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nydus/Anna KareninaPublic
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VIII

—Vaya, pues claro que empezará desde abajo y subirá y subirá, y saldrá así —dijo el carpintero con terquedad y de manera convincente.

“Llegará hasta el techo y la pared”.

«¡Palabra de honor! Vaya, subirá, y subirá, y saldrá así».

Levin sacó una baqueta y comenzó a dibujarle la escalera en el polvo.

“¿Ves?, ¿lo ves?”

—Como a su señoría le agrade —dijo el carpintero, con un repentino destello en los ojos, comprendiendo por fin la situación de manera evidente—. Parece que será mejor hacer uno nuevo.

—Bueno, pues haz lo que te mandan —gritó Levin, sentándose en el carricoche—. ¡Abajo! ¡Sujeta a los perros, Fiódor!

Levin sentía ahora, al dejar atrás a toda su familia y las preocupaciones del hogar, un sentido de alegría por la vida y una expectación tan ávidos que no tenía ganas de hablar. Además de eso, experimentaba esa sensación de emoción concentrada que todo deportista experimenta al acercarse al escenario de la acción. Si tenía algo en la cabeza en ese momento, era tan solo la duda de si levantarían algo en el cenagal de Kolpensky, si Laska se luciría en comparación con Krak y si él mismo tiraría bien ese día. No desmerecer ante un nuevo espectador, no dejarse ganar por Oblonsky, era ese también un pensamiento que le cruzaba por la cabeza.

Oblonsky was feeling the same, and he too was not talkative. Vassenka Veslovsky kept up alone a ceaseless flow of cheerful chatter. As he listened to him now, Levin felt ashamed to think how unfair he had been to him the day before. Vassenka was really a nice fellow, simple, good-hearted, and very good-humored. If Levin had met him before he was married, he would have made friends with him.

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