que entonces nunca había tenido una plena convicción de su absoluta necesidad, y que la obra que había comenzado pareciendo tan grande, se había ido reduciendo cada vez más hasta desvanecerse en la nada. Pero ahora, desde su matrimonio, cuando había comenzado a limitarse cada vez más a vivir para sí mismo, aunque no experimentaba deleite alguno ante el pensamiento del trabajo que realizaba, sentía una absoluta convicción de su necesidad, veía que este salía mucho mejor que en los viejos tiempos y que seguía creciendo sin cesar.
Ahora, involuntariamente al parecer, cortaba la tierra cada vez más hondo como un arado, de modo que no podía ser extraído sin desviar el surco.
Vivir la misma vida familiar que su padre y sus antepasados —es decir, en las mismas condiciones culturales— y criar a sus hijos en ella, era indiscutiblemente necesario. Era tan necesario como cenar cuando uno tenía hambre. Y para hacer esto, del mismo modo que era necesario preparar la cena, era necesario mantener funcionando el mecanismo de la agricultura en Pokrovskoe para