un instante, lo rechazó y, al notar la desatención de las altas esferas ante este paso, pidió inmediatamente la baja del ejército.
Un mes más tarde, Alekséi Aleksándrovich se quedó a solas con su hijo en su casa de San Petersburgo, mientras Anna y Vronski se habían marchado al extranjero, sin haber obtenido el divorcio, pero habiendo rechazado categóricamente toda idea de este.