CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Anna KareninaPublic
Página 928 de 1408
Table of Contents

XXIX

Y en el mismo instante en que el portero decía esto, Anna percibió el sonido de un bostezo infantil. Solo por el sonido de este bostezo reconoció a su hijo y le pareció verlo vivo ante sus ojos.

“Let me in; go away!” she said, and went in through the high doorway. On the right of the door stood a bed, and sitting up in the bed was the boy. His little body bent forward with his nightshirt unbuttoned, he was stretching and still yawning. The instant his lips came together they curved into a blissfully sleepy smile, and with that smile he slowly and deliciously rolled back again.

“¡Seryozha!”, susurró, acercándose a él sin hacer ruido.

Cuando estaba separada de él, y durante todo este último tiempo en que había estado sintiendo una nueva oleada de amor por él, se lo había imaginado tal como era a los cuatro años, cuando más lo había querido.

Ahora ni siquiera era el mismo que cuando lo había dejado; estaba aún más lejos de aquel bebé de cuatro años, más crecido y más delgado. ¡Qué delgada tenía la cara, qué corto el pelo! ¡Qué manos tan largas! ¡Cómo había cambiado desde que lo dejó! Pero era él, con su cabeza, sus labios, su tierno cuello y sus pequeños y anchos hombros.

—¡Seryozha! —repitió directamente al oído del niño.

Volvió a incorporarse sobre el codo, giró su cabeza enmarañada de un lado a otro como si buscara algo, y abrió los ojos. Lenta e inquisitivamente miró durante varios segundos a su madre, que permanecía inmóvil ante él, luego de repente sonrió con una sonrisa dichosa y, cerrando los ojos, se dejó caer no hacia atrás, sino hacia ella, en sus brazos.

—¡Seryozha! ¡Mi querido muchacho! —dijo, respirando con dificultad y rodeando con sus brazos su regordete cuerpecito.

928