“Lo esperabas, supongo?”
“Casi. Ella siempre se preocupó por él”.
“Bueno, ya veremos cuál de los dos pisa la alfombra primero. Se lo advertí a Kitty”.
—No hará ninguna diferencia —dijo Madame Lvova—; todas somos esposas obedientes; nos viene de familia.
—Oh, pisé la alfombra antes que Vasili a propósito. ¿Y tú, Dolly?
Dolly estaba de pie junto a ellos; los oyía, pero no contestaba. Estaba profundamente conmovida. Tenía lágrimas en los ojos y no le habría sido posible hablar sin llorar. Se alegraba por Kitty y por Levin; volviendo el pensamiento a su propia boda, miró la radiante figura de Stepán Arkádivich, olvidó todo el presente y recordó únicamente su propio amor inocente. No solo se recordó a sí misma, sino a todas sus amigas y conocidas. Pensaba en ellas el día de su triunfo, cuando habían estado, como Kitty, bajo la corona nupcial, con amor, esperanza y temor en el corazón, renunciando al pasado y avanzando hacia el futuro misterioso. Entre las novias que acudieron a su memoria, pensó también en su querida Anna, de cuyo inminente divorcio acababa de enterarse. Y ella también había estado así de inocente con azahares y velo de novia. ¿Y ahora? > «Es terriblemente extraño», se dijo. No eran solo las hermanas, las amigas y las parientes de la novia quienes seguían cada detalle de la ceremonia. Mujeres totalmente extrañas, meras espectadoras, la observaban con entusiasmo, conteniendo la respiración, temerosas de perderse un solo movimiento o expresión de los novios,