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nydus/Anna KareninaPublic
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III

haber alcanzado un grado bastante alto.

—No duré mucho en la artillería; soy un cadete retirado —dijo, y comenzó a explicar cómo había suspendido su examen.

Todo esto junto le causó a Katavásov una impresión desagradable, y cuando los voluntarios bajaron en una estación a tomar algo, a Katavásov le habría gustado comparar su desfavorable impresión conversando con alguien.

Había en el vagón un anciano con capote militar que había estado escuchando todo el tiempo la conversación de Katavásov con los voluntarios. Cuando se quedaron solos, Katavásov se dirigió a él.

—Qué posiciones tan diferentes tienen todos esos muchachos que van allá —dijo Katávasov vagamente, sin querer expresar su propia opinión y al mismo tiempo deseando conocer las opiniones del viejo.

El viejo era un oficial que había servido en dos campañas. Sabía lo que hace a un soldado y, a juzgar por el aspecto y la charla de aquellas personas, por la jactancia con la que recurrían a la bota en el viaje, los consideraba malos soldados.

Además, vivía en una ciudad de provincia y se moría por contar cómo de su ciudad se había ofrecido como voluntario un soldado, un borracho y un ladrón a quien nadie contrataría como jornalero.

Pero sabiendo por experiencia que en el estado actual del ánimo público era peligroso expresar una opinión opuesta a la general, y en especial criticar desfavorablemente a los voluntarios, él también observaba a Katavásov sin comprometerse.

—Bueno, allí se necesitan hombres —dijo, riendo con los ojos. Y se pusieron a hablar de las últimas noticias de la guerra, y cada uno le ocultó al otro su perplejidad respecto al combate que se esperaba para el

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