qué lo malo. En fin, no lo comprendía cuando era muy joven. Y ahora es consciente de que la falta de comprensión le conviene. Ahora, tal vez, no lo sabe a propósito —dijo Betsy, con una sutil sonrisa—. —Pero, en cualquier caso, le conviene. Las mismas cosas, ¿no ve?, pueden mirarse trágicamente y convertirse en una desgracia, o bien pueden mirarse con sencillez e incluso con humor. Posiblemente usted esté inclinado a ver las cosas de un modo demasiado trágico.
—¡Cómo me gustaría conocer a los demás tal como me conozco a mí misma! —dijo Anna, con seriedad y aire soñador—. ¿Soy peor que los demás, o mejor? Creo que soy peor.
—¡Enfant terrible, enfant terrible! —repitió Betsy—. Pero aquí están.