Darya Alexandrovna experimentó un gran alivio cuando entró Annushka, a quien conocía desde hacía años. Habían mandado llamar a la avispada doncella para que fuera con su ama, y Annushka se quedó con Darya Alexandrovna.
Annushka estaba evidentemente muy complacida con la llegada de aquella señora, y comenzó a charlar sin parar.
Dolly observó que ella se moría de ganas de expresar su opinión respecto a la situación de su señora, en especial sobre el amor y la devoción del conde hacia Anna Arkádyevna, pero Dolly la interrumpía con cuidado cada vez que empezaba a hablar de eso.
“Yo crecí con Anna Arkádievna; mi señora es para mí lo más querido del mundo. Bueno, a nosotros no nos toca juzgar. Y, a decir verdad, parece haber tanto amor... ”
—Por favor, ten la amabilidad de servirme el agua para lavarme ahora —la cortó Daria Alexandrovna.
—Desde luego. Tenemos dos mujeres contratadas especialmente para lavar las prendas pequeñas, pero la mayor parte de la ropa blanca se hace a máquina. El conde se mete en todo. ¡Ah, qué marido! …
Dolly se alegró cuando entró Anna y con su llegada puso fin a las habladurías de Anniushka.
Anna se había puesto un vestido de batista muy sencillo. Dolly escudriñó ese sencillo vestido atentamente. Sabía lo que significaba y el precio al que se obtenía semejante sencillez.
—Una vieja amiga —dijo Anna refiriéndose a Annushka.
Anna ya no sentía vergüenza. Estaba perfectamente serena y tranquila. Dolly vio que ya se había recuperado por completo de la impresión que