dijo. Nuevamente un rubor de vergüenza cubrió su rostro; recordó su aplomo, y un sentimiento de ira hacia él la impulsó a hacer pedazos la hoja con la frase que había escrito. «No hace falta nada», se dijo, y cerrando su carpeta secante, subió arriba, les dijo a la institutriz y a los criados que ese mismo día se iba a Moscú y se puso inmediatamente a hacer las
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