Aunque acababa de decir que él era mejor y más bondadoso que ella, en la rápida mirada que le dirigió, abarcando toda su figura en todos sus detalles, se apoderaron de ella sentimientos de repulsión y odio hacia él, y de celos por su hijo.
Con un gesto rápido se bajó el velo y, acelerando el paso, casi salió corriendo de la habitación.
No tuvo tiempo de deshacer, y por tanto se llevó de vuelta consigo, el paquete de juguetes que el día antes había elegido en una juguetería con tanto amor y dolor.