—Ven, te diré cómo nos arreglaremos: tú ve en nuestro coche a buscarlo, e Iván Serguéich, si es tan amable, irá en coche y luego mandará el suyo.
—Por supuesto; estaré encantado.
—Iremos enseguida con él. ¿Ya habéis mandado el equipaje? —dijo Stepán Arkándievitch.
—Sí —respondió Levin, y le dijo a Kuzmá que le sacara la ropa para vestirse.