sonrisa alentadora con la que en la corte animaba a las jóvenes damas de honor, desconcertadas por el nuevo ambiente cortesano.
—Nos salva Cristo, que padeció por nosotros. Nos salva la fe —terció Alekséi Aleksándrovich, con una mirada de aprobación a sus palabras.
— ¿Comprende usted el inglés? —preguntó Lidia Ivánovna, y al recibir una respuesta afirmativa, se levantó y se puso a revisar un estante de libros.
—Quiero leerle Sano y salvo, o bien Bajo el ala —dijo, mirando inquisitivamente a Karenin. Y encontrando el libro, y volviéndose a sentar en su sitio, lo abrió—. Es muy cortito. En él se describe el camino por el cual se puede alcanzar la fe y la felicidad con la que esta llena el alma, por encima de toda dicha terrenal. El creyente no puede ser infeliz porque no está solo. Pero ya lo verás tú misma. Estaba acomodándose para leer cuando entró de nuevo el lacayo. —¿La señora Borozdina? Dile que mañana a las dos. Sí