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nydus/Anna KareninaPublic
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XXI

—dijo, poniendo el dedo en el lugar del libro y mirando al frente con sus bellos ojos pensativos—, así es como actúa la verdadera fe. ¿Conoces a Marie Sanina? ¿Sabes lo de su desgracia? Perdió a su único hijo. Estaba desesperada. ¿Y qué pasó? Encontró este consuelo y ahora le da gracias a Dios por la muerte de su hijo. ¡Tal es la felicidad que trae la fe!

—Oh, sí, eso es de lo más... —dijo Stepán Arkándievich, complacido de que se fueran a poner a leer y de tener así la oportunidad de ordenar sus facultades—. «No, veo que es mejor no preguntarle nada hoy —pensó—. ¡Con tal de que pueda salir de esta metedura de pata!».

—Para usted será aburridor —dijo la condesa Lidia Ivánovna dirigiéndose a Landó—; usted no sabe inglés, pero es corto.

—Oh, ya comprenderé —dijo Landau, con la misma sonrisa, y cerró los ojos. Alekséi Aleksándrovich y Lidia Ivánovna intercambiaron miradas significativas, y dio comienzo la lectura.

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