otro de la habitación.
“¿Y qué día es hoy? La cuarta noche… Egor y su mujer están allí, y mi madre, con toda probabilidad. Naturalmente, todo Petersburgo está allí. Ahora ella ha entrado, se ha quitado el abrigo y ha salido a la luz. Tushkévich, Yashvin, la princesa Varvara”, se los imaginó… “¿Y yo? ¿Significa acaso que tengo miedo o que le he cedido a Tushkévich el derecho a protegerla? ¡Desde cualquier punto de vista, una estupidez, una estupidez!… ¿Y por qué me pone ella en una situación así?”, dijo con un gesto de desesperación.
Con aquel gesto tropezó con la mesa, sobre la que estaban el agua de seltzer y la botella de brandy, y casi la vuelca. Intentó agarrarla, se le resbaló y, con rabia, dio una patada a la mesa, tirándola al suelo, y llamó al timbre.