cumplimiento…» leyó. Avanzó la vista, luego retrocedió, leyó todo aquello y una vez más volvió a leer la carta entera desde el principio. Cuando hubo terminado, sintió que se quedaba helada por completo y que una terrible calamidad, como jamás había esperado, se había abatido sobre
Por la mañana se había arrepentido de haberle hablado a su esposo, y no deseaba otra cosa que esas palabras pudieran no haber sido dichas.
Y he aquí que esta carta las consideraba como no dichas, y le daba lo que ella había querido. Pero ahora esta carta le parecía más espantosa que cualquier otra cosa que hubiera sido capaz de concebir.
“¡Tiene razón! —dijo ella—; ¡por supuesto, siempre tiene razón; es cristiano, es generoso! ¡Sí, criatura vil y baja! Y nadie lo comprende salvo yo, y nadie lo comprenderá jamás; y no puedo explicarlo. Dicen que es tan religioso, de principios tan elevados, tan íntegro, tan inteligente; pero no ven lo que yo he visto. No saben cómo ha aplastado mi vida durante ocho años, cómo ha aplastado todo lo