Pero Vronsky sentía que ahora, especialmente, le era indispensable aclarar y definir su posición si quería evitar caer en dificultades.
Lo que Vronsky atacó primero por ser lo más fácil fue su situación económica. Poniendo por escrito en papel de cartas con su letra diminuta todo lo que debía, sumó el total y descubrió que sus deudas ascendían a diecisiete mil y tantos cientos, cantidad que omitió por mor de la claridad. Echando cuentas de su dinero y su libreta del banco, descubrió que le quedaban mil ochocientos rublos, y nada ingresaría antes de Año Nuevo.
Haciendo de nuevo cuentas de sus deudas, Vronsky las pasó a limpio, dividiéndolas en tres categorías.
En la primera categoría puso las deudas que tenía que pagar de inmediato, o para las cuales debía tener el dinero listo de todos modos, de modo que ante una demanda de pago no pudiera haber ni un solo momento de retraso en hacerlo efectivo.
Esas deudas ascendían a unos cuatro mil: mil quinientos por un caballo, y dos mil quinientos como aval de un joven camarada, Venovsky, que había perdido esa suma ante un tahúr en presencia de Vronsky.
Vronsky había querido pagar el dinero en ese momento (entonces tenía esa cantidad), pero Venovsky y Yashvin habían insistido en que pagarían ellos y no Vronsky, que no había jugado.
Hasta ahí todo iba bien, pero Vronsky sabía que en ese asunto sucio, aunque su única participación en él hubiera sido comprometerse de palabra a ser el aval de Venovsky, le era absolutamente necesario tener los dos mil quinientos rublos para poder arrojárselos al timador a la cara y no hablar más con él.
Y así, para esta primera y más importante división necesitaba cuatro mil rublos.