Mientras lo volvía, consciente del enorme y demacrado brazo alrededor de su cuello, Kitty rápida y silenciosamente dio la vuelta a la almohada, la sacudió y acomodó en ella la cabeza del enfermo, alisándole hacia atrás el cabello, que se le había pegado de nuevo a la frente húmeda.
El enfermo seguía reteniendo la mano de su hermano entre las suyas. Levin sintió que quería hacer algo con aquella mano y la tiraba hacia alguna parte. Levin cedió con el corazón oprimido: sí, se la llevó a los labios y la besó. Levin, sacudido por los sollozos e incapaz de articular palabra, salió de la habitación.