Annushka, que bajó con sus cosas, y Piotr, que las colocó en el coche, y el cochero, visiblemente de mal humor, le resultaban aborrecibles y la irritaban con sus palabras y acciones.
“No te quiero, Piotr.”
“¿Pero y el billete?”
—Bueno, como quieras, no importa —dijo ella con irritación.
Pyotr jumped on the box, and putting his arms akimbo, told the coachman to drive to the booking-office.