tan pronto, y aún más el haberme dedicado su primera visita.
—Puede estar seguro —respondió Alberto—, de que, si hubiera sabido de su llegada a París y conocido su dirección, le habría presentado mis respetos antes de esto. Permítame que le presente a mi amigo, el barón de Château-Renaud, uno de los pocos verdaderos caballeros que quedan hoy en Francia, y por quien acabo de saber que ayer fue usted espectador de las carreras en el Campo de Marte.
Château-Renaud hizo una reverencia a la condesa.
—¿De modo que estuvo en las carreras, barón? —inquirió la condesa con entusiasmo.
—Sí, madame.
—Bien, pues —continuó Madame G⸺ con bastante animación—, probablemente podrá decirme quién ganó los premios del Jockey Club.
—Siento mucho decir