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nydus/The Count of Monte CristoPublic
Página 1849 de 1978
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XCVIII

joven no era otro que Andrea, el comisario y el gendarme, que era brigadier, dirigieron sus pasos hacia su habitación. Encontraron la puerta entreabierta.

—Oh, oh —dijo el brigadier, que entendía perfectamente la estratagema—; ¡mal síntoma encontrar la puerta abierta! Preferiría encontrarla con triple cerrojo.

Y, en efecto, la pequeña nota y el alfiler sobre la mesa confirmaban, o más bien corroboraban, la triste verdad. Andrea había huido.

Decimos corroboraban, porque el brigadier era demasiado experto para dejarse convencer por una sola prueba. Echó una ojeada alrededor, miró en la cama, sacudió las cortinas, abrió los armarios y por fin se detuvo ante la chimenea.

Andrea había tomado la precaución de no dejar huellas de sus pies en las cenizas, pero no dejaba de ser una salida y, bajo este aspecto, no debía pasarse por alto sin un examen detenido.

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