casero de la ictericia, por lo que verdaderamente había adquirido reputación de hábil médico. Discurrimos un largo rato, madame, sobre diferentes temas; de Perugino, de Rafael, de costumbres, de modales, de la famosa Aqua Tofana, de la cual le habían hablado a usted, según creo haberle oído decir, y de la que ciertas personas en Perugia conservaban el secreto.
—Sí, es verdad —respondió Madame de Villefort, con cierta inquietud—, ahora lo recuerdo.
—No recuerdo ahora todos los diversos temas sobre los que conversamos, madame —continuó el conde con perfecta calma—; pero recuerdo perfectamente que, incurriendo en el error que otros habían abrigado respecto a mí, me consultó usted sobre la salud de mademoiselle de Villefort.
—Sí, de verdad, señor, en efecto fue usted médico —dijo Madame de Villefort—, puesto que había curado a los enfermos.
“Molière