de descontento y repugnancia. Terminada la lectura, permaneció en silencio, con el ceño fruncido. “ ‘ —¿Pues bien —preguntó el presidente—, qué decís de esta carta, general? “ ‘ —Digo que es demasiado pronto, tras haberme declarado por Luis XVIII, como para romper mi juramento en favor del ex emperador. Esta respuesta era demasiado clara como para permitir equívoco alguno sobre sus sentimientos. —General —dijo el presidente—, nosotros no reconocemos ni a un rey Luis XVIII ni a un ex emperador, sino a su majestad el emperador y rey, expulsado de Francia, que es su reino, por la violencia y la traición. “ ‘ —Perdonadme, señores —dijo el general—; puede que vosotros no reconozcáis a Luis XVIII, pero yo sí, pues me ha hecho barón y mariscal de campo, y nunca olvidaré que a su feliz regreso a Francia debo ambos títulos. “ ‘ —Señor —dijo el presidente, levantándose con gravedad—, tened cuidado con lo que decís; vuestras palabras nos demuestran claramente que se han equivocado respecto a vuestra persona en la isla de Elba, ¡y nos han engañado a nosotros! La comunicación se os ha hecho en virtud de la confianza depositada en vos, la cual os honra. Ahora descubrimos nuestro error; un título y una promoción os atan al gobierno que deseamos derrocar. No os forzaremos a ayudarnos; no enrolamos a nadie contra su conciencia, pero os obligaremos a obrar con generosidad, aun si no estáis dispuesto a ello. “ ‘ —Llamaríais obrar con generosidad a conocer vuestra conspiración y no denunciaros; a eso lo llamaría yo
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