ello la mitad de mi fortuna; y cuando los vi superar a todos los demás y llegar a la meta con tanta gallardía, me puse a dar palmadas de alegría. Imagina mi sorpresa cuando, al volver a casa, el primer objeto que encontré en la escalera fue ¡al idéntico jinete de la chaqueta rosa! Deduje que, por alguna extraña casualidad, el dueño del caballo ganador debía de vivir en el mismo hotel que yo; pero, al entrar en mis habitaciones, contemplé la mismísima copa de oro concedida como premio al caballo y al jinete desconocidos. Dentro de la copa había un pequeño papel en el que estaban escritas estas palabras: «De lord Ruthven a la condesa G⸺»”.
—Exacto; estaba seguro de ello