entregó el castillo de Yanina, sino que vendió a su benefactor a los turcos, se hacía llamar verdaderamente por entonces Fernand, como afirma nuestro estimado colega; pero desde entonces ha añadido a su nombre de pila un título de nobleza y un apellido. Ahora se llama conde de Morcerf y figura entre los pares”.
Así el terrible secreto, que Beauchamp había destruido tan generosamente, aparecía de nuevo como un fantasma armado; y otro periódico, que obtenía su información de alguna fuente maliciosa, había publicado dos días después de la marcha de Alberto a Normandía las pocas líneas que habían vuelto casi loco al desafortunado joven.