deoba, en el que la llave está siempre puesta.”
“¿Y no lo roban?”
“No; todos sus criados le son devotos”.
“¿No debería haber algo de dinero en ese bargueño?”
“Puede haberlo. Nadie sabe lo que hay”.
“¿Y dónde está?”
“En el primer piso.”
“Dibújame el plano de esa planta, como has hecho con la planta baja, hijo mío.”
“Eso es muy sencillo”. Andrea tomó la pluma. > “En el primer piso, ¿ve?, están la antesala y el salón; a la derecha del salón, una biblioteca y un estudio; a la izquierda, un dormitorio y un vestidor. El famoso secreter