—Vaya —replicó el conde—, cuéntamelo, porque empieza a interesarme.
Y el conde, tarareando una melodía de Lucia, fue a sentarse en un banco, mientras Bertuccio lo seguía, ordenando sus pensamientos. Bertuccio permaneció de pie ante él.
—Vaya —replicó el conde—, cuéntamelo, porque empieza a interesarme.
Y el conde, tarareando una melodía de Lucia, fue a sentarse en un banco, mientras Bertuccio lo seguía, ordenando sus pensamientos. Bertuccio permaneció de pie ante él.