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nydus/The Count of Monte CristoPublic
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LXXXVI

“M. de Morcerf —continuó Beauchamp— miró a esta mujer con sorpresa y terror. Sus labios estaban a punto de pronunciar su sentencia de vida o muerte.

Para el comité, la aventura era tan extraordinaria y curiosa, que el interés que habían sentido por la seguridad del conde pasó a ser un asunto totalmente secundario.

El presidente en persona avanzó para ofrecer un asiento a la joven, pero ella rehusó aceptarlo. En cuanto al conde, se habís dejado caer en su sillón; era evidente que sus piernas se negaban a sostenerlo.

—«Señora —dijo el presidente—, usted se ha comprometido a proporcionar al comité algunos pormenores importantes respecto al asunto de Yánina, y ha afirmado que fue testigo presencial del acontecimiento».—«Así fue, en efecto —dijo la desconocida, con un tono de dulce melancolía y con la voz sonora propia de Oriente».

“—Mas permítame decirle que debió de ser muy joven entonces.—Yo tenía cuatro años; pero como aquellos acontecimientos me afectaban profundamente, ni un solo detalle se ha borrado de mi memoria.—¿De qué manera podían afectarle a usted esos acontecimientos? ¿Y quién es usted para que hayan dejado en su espíritu una impresión tan honda?—De ellos dependía la vida de mi padre —respondió ella—. Soy Haydée, hija de Alí Tepelini, pachá de Yanina, y de Vasiliki, su amada esposa”.

El rubor de orgullo y modestia mezclados que de repente cubrió las mejillas de la joven, el brillo de su mirada y su importantísima comunicación produjeron un efecto indescriptible en la asamblea.

En cuanto al conde, no habría podido estar más abrumado si un rayo hubiera caído a sus pies y hubiera abierto un abismo inmenso ante él.

—«Madame —respondió el presidente, haciendo una reverencia con profundo respeto—, permítame hacerle una pregunta; será la última:

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