está poniendo en movimiento su corresponsal?
“Ah, sí; gracias, señor”.
“¿Y qué está diciendo?, ¿entiendes algo?”
“Sí; pregunta si estoy listo.”
—¿Y tú qué respondes?
“Por la misma señal que, al mismo tiempo, le indica a mi corresponsal de la derecha que estoy listo, mientras le avisa a mi corresponsal de la izquierda que debe prepararse a su vez.”
—Es muy ingenioso —dijo el conde.
“Ya verá —dijo el hombre con orgullo—; en cinco minutos hablará”.
—Tengo, pues, cinco minutos —se dijo el conde de Montecristo—; es más tiempo del que necesito. Mi querido señor, ¿me permite hacerle una